...de momento

lunes, 16 de agosto de 2010

LAS COSAS DE MARCIA

Hubo un tipo una vez llamado Marcia. Según mi amigo Javi cuando se levantaba por la mañana lo primero que hacía era tirarse un pedo. Supongo que era verdad, mucha gente lo hace.
En los últimos tiempos Caty había estado pensando mucho en Marcia. Las malas jugadas de la memoria, pensó ella, ya que hacía años que no se veían. Hacía un par de meses apenas habían cruzado dos ciber-palabras antes de que él volviera a desaparecer de su vida. La cosa es que estuvo mirando sus papeles. Esos papeles que guardaba en una carpeta porque no quería que se perdieran, y lo cierto es que buscaba otra cosa, pero encontró un archivador de plástico con todas las cosas de Marcia. Había un cuento sobre una pareja que echaba chispas, muy divertido. Había también una serie de poemas, él lo había llamado ´tu poemario´: Letras rimadas que hablaban de ojos moros y sonrisas perdidas, de sexo soñado. Puede que él no fuera un buen poeta, pero ella sin duda no había sido buena lectora. No había sabido ver más allá de su preciosa naricilla… poemas firmados y dedicados a ella, otros no escritos para ella pero al final para ella.

También encontró dos cartas, una que le hizo recordar y otra que le hizo llorar (últimamente estaba muy llorona). La primera era una carta no enviada, escrita por ella unos diez años atrás. Cuando la escribió era al mismo tiempo una súplica de atención, una declaración de amistad eterna, un intento de mantener algo, y una despedida. Por eso supongo que no la envió, y decidió que la despedida fuera privada, tanto que ni siquiera Marcia lo leyera, aunque la carta fuera escrita para él. La otra… La otra era una carta de amor y una despedida.Escrita antes de la entrior. Atrevida e irreverente, como era Marcia, con palabras que la hicieron sonrojarse la primera vez que la leyó (aunque no recordaba haberla leído, seguro que fue así). Y palabras que la hicieron llorar y echar tanto de menos aquella otra vida, tanto que le dolieron las noches que ya no pasaría escuchando música con él, y aprendiendo de sus recién aprendidas cosas, trasnochando en garitos cutres con buena compañía, conociendo gente interesante, hablando con Marcia de cualquier cosa. Leyendo esta carta vio su cara, reconoció en su boca cada palabra y cada gesto. Las expresiones, las imágenes. Volvió a escuchar su risa, y la vio, inconfundible. Él tenía razón, ella nunca volvió a ser ´su Baby´, él nunca volvió a escuchar su risa histérica, ni a oírla parlotear durante sus paseos en el Clío.

Siempre había sabido que él se la quería tirar, pero no fue hasta ese día que vio que se equivocaba, que Marcia tal vez había estado realmente enamorado, y se preguntó qué habría pasado si se hubiera dado cuenta entonces. !Cuánto echaba de menos su compañía!
A punto de ser madre, se sintió un poco vacía y se arrepintió por todas las decisiones mal tomadas que la habían llevado a alejar a Marcia de ella. A perder un amigo.

Cuando alguna mañana, antes de poner un pie en el suelo, se tiraba un pedo, Caty recordaba a Marcia (en las palabras de Javi) y sonreía. Por alguna mala pasada de la memoria había sido así durante años. Después de leer la carta de Marcia, doce años más tarde, demasiado tarde, seguía siendo así.

Que tengas un buen día Marcia, hoy también…

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